No sabía exactamente cómo habían llegado a aquella situación. A penas unos minutos antes estaban jugando a atraparse los dedos el uno al otro, como dos adolescentes, y ahora Aiko estaba sentada sobre las piernas de su senpai, con las manos en sus mejillas y besando lentamente sus labios. La larga melena de la morena caía hasta la mitad de la espalda, abriéndose cual cortinaje cuando las manos de Aion se colaron bajo la camiseta con la que siempre iba por casa. El simple tacto de los dedos del muchacho sobre la piel de la shinigami hizo que dejara sus labios por un instante; mala elección, pues el pelirrojo aprovechó para acercar sus labios hacia el cuello de su nueva amante. Se posaron sobre su cálida piel, sintiendo el acelerado palpitar de su corazón sobre sus labios, atacando su yugular con un sensual beso que arrancó un leve gemido a la muchacha. La morena alzó una de sus manos, recogiendo su pelo dispuesta a apartarlo, pero Aion agarró suavemente la coleta por las puntas y tiró hacia abajo, obligándola a echar la cabeza hacia atrás para así atacar con nuevos besos el mentón de la chiquilla, que temblaba entre sus brazos como una hoja mecida por el viento.
No podía quedarse quieta. En cuanto sintió que su senpai soltaba su pelo movió la cabeza lo suficiente como para atacar sus labios con un nuevo beso, colando las manos por debajo de su camiseta. Sus dedos comenzaron a deslizarse por su piel, siguiendo la línea de su columna vertebral, arrancándole un escalofrío al muchacho que aún parecía dominar bien la situación pese a excitación que comenzaba a despertarse en su cuerpo. A medida que las manos de la muchacha ascendían por su espalda iba levantándole la camiseta, descubriendo centímetro a centímetro la perfección personificada, aquel cuerpo hecho para el pecado de las mujeres. Su piel brillaba ya con algunas gotas de sudor, dándole un aspecto aún más sensual, dejando a la vista cómo sus músculos se tensaban con cada movimiento.
Dejó caer la camiseta al suelo y besó una sola vez los labios de Aion, de manera corta pero apasionada… ¿Cuánto tiempo hacía que no se encontraba en una situación cómo aquella? Ya casi ni lo recordaba, ni siquiera podía pensar en nada. Ahora en su mente solo estaba él, aquel a quien, desde que había estado bajo su mando, había amado en silencio.
Aquella pequeña osadía de la muchacha hizo despertar un poco más el fuego en el interior de su cuerpo. Aquello que Nariel le había enseñado no solo estaba satisfaciendo el deseo de su compañera, sino que estaba enseñándole un nuevo mundo de placeres desconocidos en el que estaba dispuesto a adentrarse de lleno. Tomando de los costados a la muchacha, se inclinó para obligarla a echarse hacia atrás sobre sus piernas, dejándola prácticamente con la mitad del cuerpo suspendido en el aire. Deslizó una de sus fuertes manos desde su costado hasta su estómago, alzándole poco a poco la camiseta, dejando a la vista sus sencillas braguitas, de un pálido color rosa palo, subiéndola después hasta descubrir su vientre. Se reclinó un poco más sobre él, besándolo, sintiendo no solo la calidez de su piel, sino dejándose invadir por el suave olor a excitación que sus cuerpos comenzaban a desprender. Deslizó su lengua lentamente alrededor del ombligo de la muchacha, sacándola unas cuantas risas por las cosquillas. Aquello le hizo gracia, pero no se detuvo. Poco a poco, a medida que la hacia subir de nuevo, deslizaba sus labios y su nariz por su estómago en dirección a sus senos, en línea recta, levantándole más la camiseta, sin dejar de mimar ni un instante su piel. La muchacha le ayudó en la tarea y se quitó la camiseta, dejándola caer a un lado. Sus turgentes pechos se encontraban encerrados en la cárcel que conformaba el sujetador, creando para el shinigami una sensual visión: su köhai, aquella chica dulce y encantadora, completamente a su merced, con aquel cuerpo siempre escondido bajo las anchas ropas de shinigami al descubierto, sentada sobre él y ligeramente reclinada hacia atrás. Sonrió para sí y colocó las manos en sus costados, a los lados de aquellos apetitosos senos, acariciándolos con los pulgares mientras sus labios volvían a buscar la fuente de los besos.
Aiko le besó más apasionadamente aún cuando tuvo cerca sus labios. La tortura de sus caricias era casi insoportable. Notaba su cuerpo ardiendo, se sentía cada vez más excitada y deseosa, y a la vez sentía que todos aquellos sentimientos que ya tenía por su senpai, se multiplicaban hasta el infinito. Su lengua danzó apasionadamente con la de Aion, enredándose en un apretado y sensual abrazo mientra sentía su cuerpo caer lentamente sobre el sofá y aquel perfecto cuerpo hacerlo sobre ella.
-¿Y… y si… nos ven?- susurró entre besos, apartándole un poco el rostro para poder acercar sus labios a la zona donde el cuello y el hombro se unían. Deslizó sus labios por la zona, besándole cada vez más sensualmente y con más pasión, sorbiendo la piel, mordisqueándola para luego soplar sobre la zona, provocándole un escalofrío.
-¿No dices que no los levantaría ni un terremoto?- murmuró justamente sobre su oído, devolviéndole allí aquel sensual beso. Su aliento rozando su piel, el hecho de poder escuchar tan cerca sus besos, su respiración entrecortada, hizo que la muchacha emitiera un gemido.
-Lo… lo decía por si acaso- contestó con una sonrisa del mismo modo, repitiendo la acción que él hiciera. Pero a penas tuvo tiempo de mostrarle sus cartas, pues Aion se movió, intercambiando las posiciones para poder tenerla sobre su cuerpo. Coló ambas manos entre las braguitas de la morena y apretó sus nalgas a la vez que alzaba un poco la pelvis, haciendo patente a su compañera de su avanzado estado de excitación. Aquello arrancó un gemido de la muchacha que volvió a reclinarse para besar sus labios. Pero Aion quería más… empezaba a subir su deseo y, al parecer, ella estaba exactamente en las mismas. Deslizó una de sus manos fuera de las braguitas y ascendió con ella por su espalda hasta el cierre del sujetador, maniobrando hasta que consiguió desabrocharlo.
Con cuidado Aiko se incorporó, abandonando sus labios, para poder ayudarle con la tarea. Dejó que el sujetador cayera por sus brazos hasta poder dejarlo caer al suelo, lejos de ellos. Aion la observó unos instantes, aquellos redondos y turgentes senos, ni muy grandes ni muy pequeños, ya con claras muestras de excitación en sus erectos pezones. Con la mano que aún mantenía bajo sus braguitas y con un firme movimiento de pelvis, la obligo a deslizarse hacia delante, recostándola un poco hacia sí para tener cerca aquellos nuevos manjares. Aiko apoyó las manos en el reposabrazos del sofá, emitiendo un largo gemido cuando sintió los labios del muchacho cerrarse sobre su seno, sorbiendo ligeramente mientras su lengua le daba un especial tratamiento a su pezón. Mientras, con la otra mano, mimaba el pecho solitario, atrapando el botoncito entre dos de sus dedos y acariciándolo.
La morena a penas podía ni respirar de lo acelerada que estaba su respiración. Aion parecía saber bien lo que se hacía y estaba volviéndola loca casi al principio de lo que parecía ser una tarde de pasión. Bajó una de las manos hacia el cuello de Aion, acariciando su nuca con sus dedos, apretando ligeramente su rostro contra ella sin poder evitarlo. Pero lejos de sentirse incómodo, Aion cambió hacia el otro pecho para darle el mismo tratamiento mientras la mano ascendía hacia el cuello de la muchacha. Le arrancó varios gemidos más antes de que la shinigami atrapara entre sus dientes uno de sus dedos, jugando con él, lamiéndolo de manera sensual, lo que hizo que en Aion, nuevamente, se despertara un poco más la llama de su pasión.
Colocando la lengua por entre sus pechos, subió lamiendo desde allí mientras la obligaba a deslizarse sobre su cuerpo, volviendo a sentarla sobre su pelvis. A la par que apretaba una de sus nalgas con la mano que no había salido de allí en ningún momento, y acariciaba ahora sus cabellos con la otra, besó ardientemente sus labios al tenerla frente a frente de nuevo, atrapando los de la muchacha para volver a conformar aquella húmeda pista de baile. La shinigami no solo siguió aquel beso, sino que comenzó un lento vaivén sobre él, rozando sus excitados sexos aún por sobre la ropa interior. Ahora le tocaba a ella y no pensaba, ni mucho menos, quedarse por detrás de él. Quizá para él fuera una de sus pequeñas aventuras, o quizá no, no lo sabía… pero para ella aquello era ver hecho realidad uno de sus sueños: ser para Aion algo más que su köhai y su compañera en el mando de Teniente.
Abandonó sus labios a regañadientes y descendió a besar su cuello de nuevo. Sus labios se deslizaron por su garganta, trazando una línea recta desde allí hacia su pecho. Dejó que su lengua recorriera cada centímetro de la anatomía del mismo, rozando y besando sus pezones, dibujando las líneas de sus pectorales, deleitándose con el tacto de su piel, con su sabor. Pero no se detuvo ahí. Enseguida volvió a descender hacia su estómago, muy lentamente, repitiendo la misma acción, bordeando sus abdominales mientras sus manos agarraban los laterales del pantalón de deporte que llevaba y los bajaba lentamente, dejándole ya solamente con la ropa interior. Se incorporó lo justo como para poder quitárselos, siendo ayudada por él que, movía las piernas un poco hasta dejarlas libres. La excitación de ambos era palpable en el ambiente y visible en ambos cuerpos. Sus miradas se cruzaron un instante y Aiko sonrió antes de agacharse para besarle tímidamente por encima de la ropa interior. Aion se tensó ligeramente, dejando escapar un largo suspiro mientras el calor de su interior crecía de nuevo. Acarició los cabellos de la muchacha mientras dejaba la mirada perdida en el techo, deleitándose con aquellos tímidos besos en su zona más púdica.
Enseguida la morena llegó al borde de la ropa interior con sus labios y, muy suavemente, deslizó las manos hacia la espalda del muchacho, colándolas por la ropa interior para rozar sus nalgas. Aion arqueó un poco la espalda, dejándola hacer y facilitándole la tarea. Enseguida sintió la liberación de su inhiesto miembro, que apuntaba hacia arriba de manera casi amenazadora mientras los calzoncillos se unían al montón de ropa desperdigada por la sala. La muchacha se quedó un instante quieta, observando aquella perfección, aquel cuerpo desnudo, tumbado a su merced, y aquello provocó un escalofrío que recorrió toda su espalda. Volvió a reclinarse sobre él y comenzó el ascenso con besos desde su miembro, el cual besó un par de veces, hacia su estómago y más arriba. A medida que sus labios ascendían, su cuerpo se deslizaba como una serpiente por encima del de su senpai, dejando incluso que su sexo se colara entre sus senos, una visión que arrancó una media sonrisa de los labios del shinigami.
En cuanto sus rostros se encontraron volvieron a besarse ardientemente. Aion enredó las manos de nuevo entre los cabellos de la muchacha mientras ésta rozaba sus mejillas y su cuello con la misma ternura de siempre. A sabiendas de que los movimientos ahora podrían hacérsele incómodos por la falta de ropa interior, con cuidado, se separó de él para ponerse de pie en el sofá bajo la atenta mirada del pelirrojo. Coló las manos por entre los laterales de la braguita, pero Aion la detuvo incorporándose. Sacó las manos de la muchacha, besándolas muy delicadamente, sin perder contacto visual con ella, algo que hizo que Aiko se sintiera más nerviosa y a la vez excitada. Con cuidado, posó las manos en la parte trasera de los muslos de su amante y ascendió con ellas hacia sus nalgas, besando su vientre muy lentamente, incluso a veces simplemente rozándolo con los labios. La morena sonrió, posando las manos sobre los cabellos de su senpai, enredándolos allí lentamente a la par que las braguitas abandonaban su ubicación, descendiendo por sus piernas hasta los tobillos. El muchacho tomó primero una de las piernas de la muchacha y la ayudó a levantarla, besando su muslo mientras sacaba las braviotas, repitiendo la acción con la otra.
Pero antes de que Aiko pudiera agacharse para volver a tomar la posición de antes, la tomó firmemente de las nalgas tirando un poco hacia él y hundió el rostro entre sus piernas, arrancando un largo jadeo de sorpresa de os labios de Aiko. Besó sus labios vaginales un par e veces de manera apasionada, como hiciera antes con ella, antes de pasar muy lentamente la lengua por entre ellos, recogiendo parte de su excitación. Aiko se sentía mareada, jamás había sentido un placer tan intenso en tan poco tiempo, jamás había sentido tantas ganas de unirse a alguien en un acto tan íntimo como en esos instantes.
Aion le dio un delicado beso en la zona del clítoris antes de tirar de la muchacha hacia abajo, tumbándose a la vez. La morena se agachó con él, buscando sus labios para besarlos, degustando su propio sabor. Una de sus manos, en seguida, salió en busca del miembro de Aion para mantenerlo recto y, lentamente, se sentó sobre él, introduciéndolo en su interior. Ambos dejaron escapar un gemido de lo más profundo de sus gargantas. Aiko se quedó un instante quieta, mirándole con la respiración agitada y una sonrisa en los labios. Alargó la mano para acariciar su mejilla y se reclinó a besar sus labios, esta vez, muy tiernamente, comenzando un lento vaivén sobre él, haciéndole entrar y salir de su cuerpo. El pelirrojo le devolvió cada beso con la misma suavidad, manteniendo as manos sobre las nalgas de la muchacha para ayudarla en los movimientos.
Poco a poco el cuerpo de la morena fue tomando mayor velocidad y Aion se unió, moviendo las caderas con ella para que las penetraciones fueran más firmes y el cuerpo de la muchacha subiera un poco más en cada vaivén. El sonido de sus gemidos era la música que rodeaba la escena, cada vez más altos por parte de la muchacha. Pero aquellos gemidos se convertían en jadeos cuando Aion, envuelto por la pasión, tiraba de Aiko hacia arriba hasta casi salir de su interior para, a la par que la hacía bajar, subir su cadera de una embestida y hacerla sentir completamente su miembro en su interior.
El acto se alargó bastantes minutos, acompañado de besos y caricias, de más gemidos y del sonido de sus cuerpos uniéndose una y otra vez. Unas cuantas embestidas más, y el shinigami, que se había estado aguantando hasta entonces, explotó en un potente orgasmo a la par que lo hacía ella, inundando su interior con su semilla mientras la muchacha hundía la cabeza en su pecho para ahogar un jadeo más alto de lo normal. Aion la abrazó contra sí, delicadamente, dejándola temblar entre sus brazos hasta que su respiración se normalizó del todo. Aiko besó su pecho con suavidad, sin moverse y cerró los ojos mientras se acomodaba.
-Airigato…- susurró muy delicadamente mientras él, simplemente, la dejó reposar, acariciando su cabello y cerrando los ojos como ella, dejándose envolver por la tranquilidad que tan pocas veces podía disfrutar.
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