jueves, 2 de julio de 2009

Pasión animal (Aion/Rio)

Llevaba un rato esperando oírle subir, agazapada sobre la cama de Aiko con las pequeñas orejillas alzadas, atenta a cualquier movimiento. Y por fin lo escuchó. Aion había subido al piso de arriba y entraba en su cuarto para irse a dormir. Era su oportunidad y no iba a desaprovecharla.

Bajó de un saltito al suelo y comenzó a caminar hacia la puerta del cuarto del shinigami. Gracias a las almohadillas de sus patitas no hacía nada de ruido al caminar, cosa que agradeció por primera vez. Se agazapó en cuanto llegó a la puerta de la habitación, comenzando a entrar al darse cuenta de que el shinigami, ya tumbado, le daba la espalda. Dio un pequeño saltito con la intención clara de subirse a la cama, pero al no calcular la altura, se estampó contra la madera, cayendo de nuevo al suelo.

Tras unos cuantos intentos, consiguió subirse a la cama, colándose entre las sábanas para agarrar con los dientes los boxer de Aion, tirando de ellos hacia abajo, pero casi sin fuerza. El pelirrojo, al notarlo, levantó las sábanas para observar lo que ocurría, enarcando una de sus cejas al ver a la gatita. Rio, al verse descubierta, soltó la goma con tanta fuerza que ella misma salió rodando hasta casi caerse de la cama. Gracias a que sacó las uñas a tiempo se quedó colgando de las sábanas, pudiendo trepar de nuevo para subirse encima del estómago de Aion.

-Tu cama es muy alta- murmuró la gatita, con su infantil vocecilla mientras, con las patitas, intentaba desabrocharle la camisa al shinigami. Él, extrañado, enarcó una de sus cejas, mirando a la minina.

-¿Qué haces?- preguntó finalmente sin quitarle el ojo de encima a la gatita que reptó por su pecho, mirándole lastimosa.

-Es que me he hecho pupita- murmuró. De los golpes que se dio al intentar subir, su naricita tenía un color más bien rojizo, irritado. Aion, con un suave “pobrecita”, acarició suavemente la naricita de Rio, la cual sacaba de vez en cuando la lengua para darle pequeños lametones.

-¿Y qué haces aquí?- preguntó de nuevo, sin dejar de darle las pequeñas caricias en la naricita.

-Pues…- la teniente enseguida tomó su forma homínida, quedando sentada a horcajadas sobre el muchacho, completamente desnuda. Los dos largos mechones plateados de su cabello caían por delante de su cuerpo, cubriendo sus diminutos senos –Venía a verte a ti- como el pelirrojo continuaba con las caricias, esta vez sacó la lengua para, mirándole a los ojos, darle un lento y sensual lametón en el dedo, con una traviesa sonrisa en sus labios.

-¿Y qué quieres de mí?- extrañado por la actitud de la muchacha, ladeó la cabeza, sin mover el cuerpo aunque por la cabeza comenzaba a pasársele una idea no muy descabellada acerca de las intenciones de la Shihouin.

-¿De veras no lo adivinas?- susurró, reclinándose hacia él para posar sus labios sobre los del varón, besándolos lenta pero firmemente. Pese a su apariencia juvenil, Rio con sus casi 700 años había conocido a más de uno y de dos varones pese a no conocérsele pareja. El pelirrojo se dejaba besar, tranquilamente, acariciando las piernas de la shinigami, que permanecía sentada sobre su estómago para poder llegar bien a sus labios. Sus lenguas danzaban lentamente entre sus labios, abrazándose, acariciándose en una lenta y sensual lucha de poder.

Pronto los labios de la muchacha descendieron hacia su garganta, pasando por ella la puntita de la lengua antes de mordisquearle, tironeando de su piel. Él emitió un suspiro, llevándose una de las manos hacia la camisa para comenzar a desabrocharla ya que el calor había comenzado a subir más de lo normal en su cuerpo. Rio, sin abandonar su cuello, llevó sus manos hacia el torso del pelirrojo, acariciando su piel a medida que éste se abría la camisa, dejando su musculazo y perfecto cuerpo a la vista. Al verlo casi se le escapa un gemido de placer… hacía demasiado tiempo que deseaba estar entre sus brazos. Enseguida a la teniente se le escapó un gemido, sintiendo cómo una de las manos de Aion se colaba entre sus nalgas para acariciar su ya húmedo sexo, repartiendo sus fluidos por toda la zona. Ascendió con sus besos hacia su oreja, donde se entretuvo mordisqueando y lamiendo el lóbulo de la misma a la par que él, con la mano libre, retiraba uno de sus plateados mechones de cabello y besaba su yugular apasionadamente.

Necesitaba nuevamente beber de sus labios, así que la muchacha, entre gemidos, llevó sus labios a los de Aion, besándole con la misma pasión de antes, colando su lengua entre sus labios mientras movía ligeramente la cadera. Sus manos descendieron lentamente en busca de su ropa interior, estirándose entre los brazos del shinigami, pero su corta estatura a penas la dejaba llegar. Él, al notar sus intenciones, llevó sus propias manos a sus caderas para deshacerse de la única prenda que quedaba entre ellos.

-O eres un poco largo para mí, o yo soy un poco corta- bromeó la muchacha entre besos, mordisqueándole los labios casi con violencia.

-Más bien un poco de cada- contestó él, moviendo las piernas un poco para deshacerse completamente de los boxer, los cuales cayeron al suelo, a un lado.

-Pero así soy más manejable ¿no?- murmuró la muchacha entre besos, riendo por lo bajo mientras arañaba, con cuidado, su musculado pecho.

-Cierto…- y sin decir una palabra más, el pelirrojo tomó las nalgas de la teniente y, sin a penas esfuerzo, tiró de ella hasta sentarla sobre su rostro. Rio se agarró al cabecero de la cama y dejó escapar un largo gemido cuando sintió la ávida lengua del shinigami hurgando entre sus labios vaginales, recogiendo aquellos flujos que él mismo la hacía expulsar. Sus manos ascendieron por su diminuto torso hasta sus senos, los cuales acarició con cuidado, dándole un especial tratamiento con los pulgares a sus pezones, los cuales reaccionaron endureciéndose por las caricias y la creciente excitación.

Pero Rio no era de las que simplemente se dejaban hacer. Apartó las manos del shinigami y se incorporó para girarse, volviendo a sentarse del mismo modo. Ahora tenía al alcance de su mano aquel vigoroso miembro que ya la apuntaba desafiante. Rio se reclinó hacia él y pasó la lengua desde la base hasta la punta muy lentamente, dibujando círculos con la puntita al llegar al final de su sexo. Aion resoplaba entre las piernas de la muchacha, separándole las nalgas con las manos para poder trabajar mejor allí con su lengua. En el instante en el que Rio se introdujo hábilmente el miembro del teniente entre sus labios, él dejó de acariciarla con la lengua para introducir dos de sus dedos en su interior, lentamente, moviéndolos de manera circular. Rio no pudo evitarlo y, junto con un gemido, se le escapó un largo “nyaaa” que hizo que el shinigami enarcara ambas cejas.

-“¿Ha maullado?”- se preguntó, extrañado, pero la sangre la tenía concentrada más bien en la zona en la que trabajaba la muchacha, así que se olvidó del tema, separando los labios vaginales de la muchacha para colar en su interior su lengua, moviéndola hábilmente. Rio no era capaz de aguantar más. Llevaba tanto tiempo deseosa de algo así y más encima con él, que sabía que no sería capaz de aguantar mucho tiempo aquel placer como continuara. Se incorporó, separándose de él, y giró para quedar cara a cara, besando ardientemente sus labios, saboreando, de aquel modo, su propia excitación.

-Joder… eres puro fuego- murmuró entre besos, riendo por lo bajo mientras Aion se incorporaba con una media sonrisa, quedando completamente sentado en la cama. La teniente se sentó bien a horcajadas de nuevo sobre él y, tras rozar sus cuerpos de manera tentativa entre apasionados besos, se incorporó lo justo para, tras colar la mano entre ambos y colocar el miembro de Aion en una buena posición, tomar asiento sobre éste, introduciéndolo dentro de su cuerpo. Ambos gimieron de gusto a la vez. Fue ella la que comenzó el movimiento, apoyándose un poco en los hombros del muchacho para ayudarse en los botes de su cuerpo mientras él, entre besos y gemidos, acariciaba los costados y los pechos de la muchacha. Si con Aiko había disfrutado por la ternura y la lentitud de sus movimientos, la pasión y la violencia de Río no le eran tampoco nada desagradables, al revés, a su parte animal se le hacían realmente apetitosas.

Tras unos minutos así, la bestia interior de Aion despertó por completo. Al ser tan poca cosa, el shinigami se levantó agarrándola de las nalgas, colocándose de pie y, manteniéndola bien sujeta, comenzó un fuerte y rápido movimiento de caderas, introduciéndose dentro del cuerpo de la teniente. Rio tuvo que morderse los labios para no gritar de placer. Su diminuto cuerpecito estaba experimentando una pasión que nunca antes había sentido y, además, estaba consiguiendo que todos los fantasmas de su cabeza desaparecieran por unos instantes. Pero Aion sabía cual era la postura que, posiblemente, se le hacía más apetecible a la shinigami.

Con cuidado la posó en la cama, sin cesar los movimientos de su cadera, entrando y saliendo de ella a una velocidad demencial. Rio se removió y dejó escapar un largo jadeo durante una de las embestidas, arañándole los brazos mientras sentía su cuerpo estallar en un fuerte orgasmo. Pero él, evidentemente, aún no estaba satisfecho y estaba dispuesto a darle uno más y todavía más intenso. Aprovechó esos momentos en los que el sexo de Rio estaba algo más sensible de lo normal para detener el movimiento y agarrarla de las piernas. Lentamente la obligó a flexionarlas contra su pecho, de modo que sus piececitos quedaron a la altura de su rostro. Sin dejar de mirarla con el fuego de la pasión en sus ojos, comenzó a besar sus pies, mordisqueándole los deditos mientras, de vez en cuando, movía la cadera para entrar en ella de un solo y potente golpe, arrancando más jadeos de la garganta de la Shihoin. ¿Quién lo diría? Tenía a una noble, a una superior, completamente sometida a su voluntad, completamente dispuesta a hacer y a dejarse hacer lo que se le antojara. Y saber aquello le produjo un cosquilleo que le hizo retomar las fluidas embestidas.

-¿Qué vas…?- comenzó a preguntar la teniente, extrañada, cuando vio que se incorporaba un poco y colaba la mano por debajo de la espalda de ella para rodearla. Hizo un poco de fuerza y, como si fuera una muñeca, la hizo girar para dejarla a cuatro patas sobre la cama, sin salir de ella. Tiró con cuidado de sus brazos, incorporándola lo justo para besar su cuello y pasar una de sus manos desde sus pechos hacia la zona por la que ambos permanecían unidos. Con dos de sus dedos y aprovechando su humedad comenzó a acariciar circularmente su clítoris, moviendo un poco la cadera para aumentar el placer de ambos.

Pero aquello a penas duró unos segundos. La reclinó de nuevo, colocándose bien sobre ella, y comenzó un firme y violento movimiento, casi animal, sobre la teniente. Sus cuerpos chocaban uno contra otro, sus sexos se acoplaban y se daban placer mutuamente mientras ambos amantes luchaban por no hacer ruido. La mantenía cogida por las caderas, tirando de ella en cada embestida, ya casi sin aliento pero al borde de un potente orgasmo. Rio deseaba gritar, jadear, pedirle que no se detuviera hasta dejarla rendida. Y, aunque no lo dijo, eso fue lo que sucedió. Tras unos minutos de pasión animal, Aion introdujo su duro miembro hasta el fondo de la muchacha, expulsando allí todo su placer mientras ella temblaba, casi desmayada de placer y cansancio, corriéndose de nuevo.

Increíble. Esa fue la única palabra que se le vino a la mente mientras sus cuerpos intentaban retomar el ritmo normal de sus respiraciones y sus mentes el control de los mismos. Tras unos segundos que se les hicieron eternos, Aion salió del interior de la teniente y se tumbó con ella, abrazándola con cuidado contra su cuerpo.

-Chico… eres un fiera- murmuró, resoplando, mientras se acurrucaba con la cabeza sobre su pecho, alzándola un poco para mirarle. El pelirrojo tomó su barbilla con cuidado, alzándola, y besó sus labios una vez más, con lentitud, mientras su otra mano acariciaba su espalda con la puntita de los dedos.

-Con esto te habrás quedado a gusto ¿no?- preguntó pícaro mientras Rio reía, mordisqueándole la barbilla traviesa.

-Muchísimo ¿Y tú?- preguntó, cerrando los ojos, estirándose felonamente para pillar una buena postura.

-Ha estado la mar de bien- contestó con un breve asentimiento, cerrando también los ojos. Había conseguido sacar de él una pasión tan animal que ahora estaba realmente agotado.

-Pues ya sabes- susurró la muchacha con una media sonrisa -. Cuando quieras más, vuelves- rió por lo bajo.

-Sí, señora- contestó militarmente antes de caer en un profundo y relajado sueño.

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